sábado, mayo 01, 2004
Soy un loco obseso esperando que asomes a tu balcón.
¡Maldita cantidad de objetos que no encuentran su placer astral!
La de abajo, no abre la puerta. Aquella otra, no piensa. Esa de ahí, cierra los ojos, para no ver nada. Así que lo tengo decidido: ¡Voy a inventar a las hermanas Villalba! Ahora si tendré quien pase un fin de semana conmigo.
El humo se disipa. Deja ver tras su cortina las sabanas que usaste las noches pasadas.
Las dejaste colgadas para liberarlas del sudor acumulado. Gota a gota.
No tengo pecera con peces de colores que al mirarlos calmen mi ansiedad. Me falta río para contemplar el agua pasar y se lleve la falta de paz que me queda cuando no estás.
Toda ausencia es tristeza. Es absurdo encontrar alguien que descienda de lo alto.
La ventana trae señales del regreso.
El apartamento se llena de vida.
Sus sabanas están secas, están frescas.
Sus sabanas necesitan calor de nuevo sudor.
Las sabanas no se bancan la inmensidad en soledad. Solicitan en diarios, piden a gritos en las esquinas, un amor que las arrugue, que las arranque y les dé vida, y las transforme en voladoras, que las trastorne y las maree, que las tire y las traiga, que las de vueltas y las abrace. Precisan que las saquen del lugar y las estrujen y las dejen hecha añicos, inservibles, locura de quien no quiere respiro, ni pausa. Las sabanas son creaturas de guerra. Parecen pacificas, sobre todo las blancas, pero a pesar del color no quieren ser inmaculadas. Anhelan el vértigo, la acción, el punto caramelo, la combustión... y luego, cuando cansan a sus victimas, las llenan de sueños intrincados e invitan a sus pasajeros a trances divinos y se inventan cuerpos incendiarios y son fantasías colosales, llenas de lujuria que corrompen las mentes más inocentes, como las que hacen la siesta.
¡Maldita cantidad de objetos que no encuentran su placer astral!
La de abajo, no abre la puerta. Aquella otra, no piensa. Esa de ahí, cierra los ojos, para no ver nada. Así que lo tengo decidido: ¡Voy a inventar a las hermanas Villalba! Ahora si tendré quien pase un fin de semana conmigo.
El humo se disipa. Deja ver tras su cortina las sabanas que usaste las noches pasadas.
Las dejaste colgadas para liberarlas del sudor acumulado. Gota a gota.
No tengo pecera con peces de colores que al mirarlos calmen mi ansiedad. Me falta río para contemplar el agua pasar y se lleve la falta de paz que me queda cuando no estás.
Toda ausencia es tristeza. Es absurdo encontrar alguien que descienda de lo alto.
La ventana trae señales del regreso.
El apartamento se llena de vida.
Sus sabanas están secas, están frescas.
Sus sabanas necesitan calor de nuevo sudor.
Las sabanas no se bancan la inmensidad en soledad. Solicitan en diarios, piden a gritos en las esquinas, un amor que las arrugue, que las arranque y les dé vida, y las transforme en voladoras, que las trastorne y las maree, que las tire y las traiga, que las de vueltas y las abrace. Precisan que las saquen del lugar y las estrujen y las dejen hecha añicos, inservibles, locura de quien no quiere respiro, ni pausa. Las sabanas son creaturas de guerra. Parecen pacificas, sobre todo las blancas, pero a pesar del color no quieren ser inmaculadas. Anhelan el vértigo, la acción, el punto caramelo, la combustión... y luego, cuando cansan a sus victimas, las llenan de sueños intrincados e invitan a sus pasajeros a trances divinos y se inventan cuerpos incendiarios y son fantasías colosales, llenas de lujuria que corrompen las mentes más inocentes, como las que hacen la siesta.
viernes, abril 30, 2004
"París era una hoguera, y nosotros, incendiarios"
Recuerdo cuando te conocí.
Fue en el barrio latino
ese verano, en París
cerca del sucucho que oficiaba de hotel
refugio de sudacas,
ilegales, bohemios,
y de un, luego, amigo iraní...
Te llamé – mademoiselle-
Lo único que sabía decir,
en aquel tiempo,
lo poco que sé decir,
en este tiempo.
Te volviste sonriendo
y preguntaste -¿es a mí?-
entonces...
Supe que aun cuando
nunca te vi antes
eras la vecinita
la linda, la del barrio
la de las tardes de sábado
por el centro
la de las siestas de tereré
y te ame
y te extrañe
y supe tanto de ti,
apostoleña,
vagando en busca de este vago
pero aquí,
en París.
Fue en el barrio latino
ese verano, en París
cerca del sucucho que oficiaba de hotel
refugio de sudacas,
ilegales, bohemios,
y de un, luego, amigo iraní...
Te llamé – mademoiselle-
Lo único que sabía decir,
en aquel tiempo,
lo poco que sé decir,
en este tiempo.
Te volviste sonriendo
y preguntaste -¿es a mí?-
entonces...
Supe que aun cuando
nunca te vi antes
eras la vecinita
la linda, la del barrio
la de las tardes de sábado
por el centro
la de las siestas de tereré
y te ame
y te extrañe
y supe tanto de ti,
apostoleña,
vagando en busca de este vago
pero aquí,
en París.
“Borrachos volvimos a la madrugada ... atrás en la noche quedaron quimeras”
¿Por qué nadie comprende que estás sola y perdida? ¿qué sos una pequeña?
Olvidaste el walkman en aquel banco, sin embargo, la música no está. Siguió tu senda y ahora, se te adelanta, se te cruza en las esquinas. Ella es nueva, y además tiene alas.
Allá, abajo, una plaza resiste, no se va, no se muere, pero el amor no se acaba en noches sin dueño.
Nosotros nos abrigamos con estrellas, que cubrieron nuestra retirada.
Frente al portón, umbral de este lado del universo, las llaves se esconden en tu bolso y se alejan de tus manos. Cuando quiero ser el portero, explicás: - no estoy borracha -.
Adentro
La tristeza en tu cuarto es total, y pedís que apague las luces. Sospecho que es para no verte llorar. ¿Por qué nadie comprende? No necesitás mucho mas que un cuento para dormir, caricias breves y un beso en la frente.
La mañana
No, no fue un accidente, tu alma es la que se desangró aquella noche.
No fue tampoco el alcohol. La tristeza te embriagó ¿por qué nadie te comprende?
Un cuento antes de dormir, una canción de cuna, es lo que precisas. Un exorcismo de malos sueños, una tormenta menos en el mar.
Sabés, tu hora aun no llegó y aun cuando no creas, Dios juega de tu lado.
Baila, sonríe, la noche pide mucho y no da nada.
La noche es cruel, te quita, roba y mata. Está maldita. Seduce y estruja tu corazón. Rompe en pedazos, hace añicos y te deja. Corre, se aleja de ti. Te tienta, te acercas y te arranca la vida. Mientras, un ángel, trae paz. Te rescata y libera. Seca tus lagrimas, abre la celda y te lleva a la luz, pero estas tan acostumbrada a la obscuridad...
¿Por qué nadie comprende que estás sola y perdida? ¿qué sos una pequeña?
Olvidaste el walkman en aquel banco, sin embargo, la música no está. Siguió tu senda y ahora, se te adelanta, se te cruza en las esquinas. Ella es nueva, y además tiene alas.
Allá, abajo, una plaza resiste, no se va, no se muere, pero el amor no se acaba en noches sin dueño.
Nosotros nos abrigamos con estrellas, que cubrieron nuestra retirada.
Frente al portón, umbral de este lado del universo, las llaves se esconden en tu bolso y se alejan de tus manos. Cuando quiero ser el portero, explicás: - no estoy borracha -.
Adentro
La tristeza en tu cuarto es total, y pedís que apague las luces. Sospecho que es para no verte llorar. ¿Por qué nadie comprende? No necesitás mucho mas que un cuento para dormir, caricias breves y un beso en la frente.
La mañana
No, no fue un accidente, tu alma es la que se desangró aquella noche.
No fue tampoco el alcohol. La tristeza te embriagó ¿por qué nadie te comprende?
Un cuento antes de dormir, una canción de cuna, es lo que precisas. Un exorcismo de malos sueños, una tormenta menos en el mar.
Sabés, tu hora aun no llegó y aun cuando no creas, Dios juega de tu lado.
Baila, sonríe, la noche pide mucho y no da nada.
La noche es cruel, te quita, roba y mata. Está maldita. Seduce y estruja tu corazón. Rompe en pedazos, hace añicos y te deja. Corre, se aleja de ti. Te tienta, te acercas y te arranca la vida. Mientras, un ángel, trae paz. Te rescata y libera. Seca tus lagrimas, abre la celda y te lleva a la luz, pero estas tan acostumbrada a la obscuridad...
por la mañana el olor a alcohol era apestoso. Aun martillaban mi cabeza. regresé al baño y vomite hasta que solo me quedaba algo verde pegó como toalla mojada. Aturdía. A partir de ahí, fue como cuando varían las condiciones de luz de un ambiente a otro: se tarda en acostumbrar los ojos, hasta que se ve.
Aparecieron fiambres, y con el despertar de los sentidos, tambien vinos, cervezas como mujeres: rubias, rojas y negras. Los mariscos agazapados llegaron a asomar cuando el piano dictaba notas al musico y este las buscaba entre las teclas. entonces, el aroma a queso se perdió entre otros sabores y calores.Yo, que solo me ineteresaba en los superheroes, terminé derritiendo quesos y brindando cuando la lluvia no importaba.
Aparecieron fiambres, y con el despertar de los sentidos, tambien vinos, cervezas como mujeres: rubias, rojas y negras. Los mariscos agazapados llegaron a asomar cuando el piano dictaba notas al musico y este las buscaba entre las teclas. entonces, el aroma a queso se perdió entre otros sabores y calores.Yo, que solo me ineteresaba en los superheroes, terminé derritiendo quesos y brindando cuando la lluvia no importaba.
Los super ratones me habían llevado a su guarida. Los quesos reinaban en el lugar. El penetrante olor pegó como toalla mojada. Aturdía. A partir de ahí, fue como cuando varían las condiciones de luz de un ambiente a otro: se tarda en acostumbrar los ojos, hasta que se ve.
Aparecieron fiambres, y con el despertar de los sentidos, tambien vinos, cervezas como mujeres: rubias, rojas y negras. Los mariscos agazapados llegaron a asomar cuando el piano dictaba notas al musico y este las buscaba entre las teclas. entonces, el aroma a queso se perdió entre otros sabores y calores.Yo, que solo me ineteresaba en los superheroes, terminé derritiendo quesos y brindando cuando la lluvia no importaba.
Aparecieron fiambres, y con el despertar de los sentidos, tambien vinos, cervezas como mujeres: rubias, rojas y negras. Los mariscos agazapados llegaron a asomar cuando el piano dictaba notas al musico y este las buscaba entre las teclas. entonces, el aroma a queso se perdió entre otros sabores y calores.Yo, que solo me ineteresaba en los superheroes, terminé derritiendo quesos y brindando cuando la lluvia no importaba.
asi es el calor. volveran. ya lo veran
jueves, abril 29, 2004
Hoy desperté despues de soñar con ella.
En mis sueños vestía un vestido verde. Venía deslizandose en un monopatin. Al llegar junto a mi, inesperadamente, hizo un giro.
El tajo dejó al descubierto su blanca piel, y esa tanguita verde musgo, como el vestido, que dejaba los flancos descubiertos. ¡y que flancos!
En mis sueños vestía un vestido verde. Venía deslizandose en un monopatin. Al llegar junto a mi, inesperadamente, hizo un giro.
El tajo dejó al descubierto su blanca piel, y esa tanguita verde musgo, como el vestido, que dejaba los flancos descubiertos. ¡y que flancos!
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